De carbohidratos a grasas, ¿qué no te cuentan?

De carbohidratos a grasas, ¿qué no te cuentan?

Por desgracia, es darte una vuelta por las redes sociales y cada vez hay más gurús y personajes, mintiendo, mezclando y confundiendo a la población.

Uno de los temas que más engaño provoca es la carbofobia. No es otra cosa que hacer creer a las personas que los carbohidratos son malos porque se convierten en grasa.

De ahí, que muchas de las dietas y planes de alimentación de gente sin formación, estén en su mayoría con un aporte ínfimo de hidratos y, por supuesto, gran restricción calórica (error monumental).

Los hidratos de carbono son un macronutriente importante, muy variado y con muchas posibilidades. Obviamente, en el equilibrio está el secreto, y a igual que hace años se demonizaba a las grasas sin razón, e incluso las proteínas (con algunos de sus mitos), estamos en tiempos de miedo al carbohidrato.

Este macronutriente puede tener varios fines energéticos, los cuales harán diferentes funcionalidades. Si nos centramos en que, si se pueden convertir en grasa, sí, pueden hacerlo. El organismo es muy complejo e inteligente, y tendrá la opción del ahorro energético en forma de triglicéridos en nuestro tejido adiposo. Pero es importante tener en cuenta que los hidratos se pueden almacenar en nuestro hígado y en nuestros músculos. Todo esto sin contar que, además de su almacenamiento, nosotros, como seres vivos dinámicos, iremos consumiendo energía para dar “servicio” a todas esas acciones (funcionamiento orgánico, entrenamientos, desplazamientos, etc).

Algo que te puede indicar que te están engañando es cuando relacionan hidratos y su conversión en grasas sin hablar del contexto. Como os contaba anteriormente, necesitamos energía para muchas acciones, siendo diferente una persona activa que alguien sedentario. Una persona que entrena sus músculos, procesará más y mejor le energía. Con ello, cuando diseñamos un plan de alimentación, ese aspecto es muy importante de considerar. ¿Entrena?, ¿tiene patologías?, ¿cómo es su día a día?, ¿su trabajo?, etc.

Pero no, es más fácil ir al reduccionismo de que se convierte en grasa y crear ese miedo infundado.

Otro aspecto crucial es que no se habla de que para llevar a cabo la conversión de ese glucógeno almacenado y de glucosa en sangre, hasta su transformación final en lípidos, es obligatorio que haya un excedente de energía mantenida. Nuestro organismo ahorrará energía para poder usarla posteriormente y es entonces donde podemos hablar de ese posible destino. Sin embargo, no, no hablemos de cuánta energía gasta, de qué calidad muscular posee y por supuesto, saltémonos toda la fisiología habida y por haber, con el fin de vender un tipo de dieta, la búsqueda de un enemigo para poder vender un producto, y lo que más sucede, una falta de formación apabullante.

Una de las grandes desgracias que suceden a día de hoy, es que, con la redes sociales, cualquiera puede “vender” consejos, dietas y entrenamientos. Viendo cuatro vídeos o leyendo unos pocos artículos, se creen preparados para poder jugar con la salud de los demás.

Mucho cuidado con esto, porque se puede engañar fácilmente y las consecuencias pueden ser fatales.

Los carbohidratos por si solos no son malos, las grasas por si solas no son malas, las proteínas por si solas, no son malas. Si fuese todo así de sencillo no habría que estudiar nada y todos seriamos expertos en nutrición.

Mi gran recomendación es: come de forma variada y equilibrada, que los ultraprocesados no sean un hábito, muévete todo  lo que puedas y cuida tu musculatura con entrenamientos de fuerza. Posiblemente una de las mejores medicinas que existen es el la fuerza y su impacto en nuestra salud.

Menos pastillas y ¡más ejercicio!!.

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